HISTORIA DE UNA TORTUGA
DEL DESIERTO
En una ocasión, unos niños estaban jugando en
el auto de un vecino, deslizando una pequeña tortuga, y para evitar que la
fueran a lastimar, se les ofreció comprarla.
Al rato, se presentaron los pequeñines pidiendo $120.00 pesos por ella.
Así, fue como “salvamos” a la tortuguita
y tuvimos la oportunidad de convivir y presenciar sus hábitos.
La acomodé en el patio de la casa, pero al
cabo de un rato, pasé por la cocina y vi lo que aparentemente era una piedra,
en medio del camino… y la volví a sacar nuevamente al patio a tomar el
sol. A la mañana siguiente, encontré a
la pequeña tortuga debajo del librero, ahí, había pasado la noche. Concluimos que había modificado sus hábitos
con la convivencia infantil.
En mi pequeño jardín crecía una planta,
la tortuga para comerla echó su peso al tallo y de esa manera, bajó y comió las
hojas, sin lastimar la planta. En otra ocasión, pasó por un lugar estrecho
donde no cabía a lo ancho de su cuerpo y se arrastró de canto por la pared.
Fueron muchas las manifestaciones de inteligencia de los cuales desconocíamos.
En el temporal de lluvias -que es muy
corto- después de llover, se ponía muy activa, subía y bajaba por una gran pila
de arena que se encontraba en el patio, A partir de su llegada, empezaron a crecer
unas verdolagas cuyas semillas se encontraban en sus heces y de esta manera
ella obtenía su preciado alimento.
Son curiosas, observan las cosas que son
novedosas. Una tarde se soltó una lluvia
y la tortuga venía caminando a toda velocidad y pasó por encima de mi zapato
dejándolo lleno de lodo, ¡por fin, estaba bajo cubierta!
Pasaron los años y la tortuga se adaptó
a la familia, dormía en la biblioteca, sin presumir de intelectual y en las
mañanas salía al patio a retozar. Llegó
el momento que posiblemente entró en celo, olía con atención la tierra en busca
de una posible presencia de una pareja. En ese tiempo, habían nacido en casa
cuatro gatitos blancos con manchas negras y la tortuga arremetió contra ellos,
quizás los consideró una competencia o simplemente un estorbo.
EL NOPAL MORADO
Existe una variedad de nopal silvestre
que crece en las laderas de los montes, es chaparrito y espinoso. En tiempos de
lluvia adquiere un color verde, cuando hay sequía se torna morado.
Mi tía, maestra rural de Yahualica,
Jalisco, al conocer de la existencia de este cactus, me pidió le llevara una
muestra para conocerlo y plantarlo en el patio de su casa. En realidad, yo le
temía a sus largas y afiladas espinas, además al cambiar a un clima fresco y
húmedo se volvería verde y más alto. En realidad, los nopales son chaparritos
por la falta de humedad, a la par de ese atractivo color morado que tanto nos
gusta.
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