TORIBIO: MI HERMANO MENOR
Mi
tío Toribio desde niño, corrió la misma suerte que su hermana Gabriela. Mi mamá
recordaba que cada bando – los federales o la insurgencia- al entrar a Guadalajara, cada uno traía sus propios bilinviques que
era el papel moneda que se ponía en circulación. Mi abuela decía que a un
bilinvique de un centavo le marcaba con un lápiz un cero y de este modo, iba a
comprar diez centavos de arroz a un anciano que ya no podía ver bien, ese
arroz una vez cocido debía de alcanzar
para todo el día.
Gabriela
y su hermano se criaron rodando por aquí y por allá, ella hacía tortillas en
casa de familiares. Cuando la tortilla inflaba, la metía al agua del machihuis
para que se enfriara y poder comerla cuando creía que nadie la veía. Fue así,
como ella aumentó de peso considerablemente.
Mi
tío Toribio ingresó al servicio militar, al parecer fue en Hermosillo donde
contrajo matrimonio con una joven sonorense. Tiempo después, se trasladó con su
familia a la Perla Tapatía. Un día, por algún motivo tuvo diferencias con su
mujer y llevó a sus hijos a la casa grande para que su hermana Gabriela se ocupara
de ellos. Mi mamá que bastante quehacer
tenía ya con sus compromisos, sintió que tenía que agregar más piedras al
costal que ya cargaba. .. Al poco tiempo, la joven sonorense se presentó a
reclamar a sus hijos, la petición fue aceptada. Al enterarse su hermano
Toribio, Gabriela le dejó bien claro que … “los hijos debían estar con su madre”.
Contaba
mi tía Carmen que su segunda esposa la conoció ya embarazada. Se trataba de una
joven chaparrita y muy blanca. La pareja, no dudó en casarse, y Petra, una de los hijos de la pareja, afirmó que su padre, nunca hizo diferencia
alguna con su hermano mayor. Su papá lo
crio y lo cuidó convirtiéndose así, en padre putativo.
Conocí
a Petra siendo viuda con dos pequeños niños que la acompañaban cuando visitaba
la casa grande. En ocasiones, se daba un regaderazo y enjabonaba su pelo con “Fab”
–jabón en polvo- a lo que mi abuela le decía con preocupación “te vas a quedar
calva”. Sus niños llamaban mi atención, el más grande era blanco y pecoso, en
tanto la niña era muy morenita se chupaba uno de sus dedos en la boca. Eran muy
tranquilos los dos.
Nunca
tuve en claro, el por qué se disolvió esa familia. Solo puedo decirles, que
Toribio se casó por tercera vez, no contó con la aprobación de su hermana
Gabriela quien en repetidas ocasiones le decía… “¿Qué… ¿acaso te casaste
borracho?”... “¿no te dabas cuenta que te estaban casando?”
A
Toribio le gustaba mezclar el olor y los sabores de la cocina mexicana. Se hacía
presente en casa periódicamente
ayudándole en lo que podía en la cocina. Gustaba de preparar los “Changuitos”,
una bebida donde se mezclaban el ron y refresco de cola. Uno para él y otro
para ella, que aceptaba con gusto. Él
ayudaba económicamente a un familiar de su mujer, llamado “el Tofico”, lo hacía
presente continuamente, a lo que mi mamá Gabriela le decía “al que Dios no le
da hijos, le da cosijos”.
Toribio
se reunía ocasionalmente con sus hijos sin hacerse acompañar de nadie más. Eran
ocasiones en que podía aprovechar para convivir y degustar de un sabroso
tequila, la bebida más tradicional en Jalisco. A sus sesenta años, recorría las
calles de Guadalajara en su bicicleta recogiendo y cambiando pagares en el banco.
En casa, fabricaba, unos artículos deportivos para aquellos quienes gustaban de
la casar aves y los vendía en una tienda de la ciudad. Gustaba de comercializar
diversos artículos como blusas y radios, entre otros.
A su
muerte, no salió una esquela, sino una noticia en un periódico que daba a
conocer el hecho de que la señora de Martínez
afirmaba que lo habían envenenado en una celebración familiar.
Mi
mamá Gabriela, molesta por esa afirmación, reprobaba el hecho que se vieran
obligados a hacerle la autopsia a su hermano, pudiendo haberse evitado. Durante
el funeral, se mostró tranquila, sin derramar lágrimas.
Una
vez en casa, estando ella en la cocina, se oyó un sonoro llanto lastimero por
todo la casa. Al oírlo, mi tía Carmen fue a consolara, le dijo: “llora hermana,
desahógate”….. al tiempo que Gabriela le decía…. “Era mi hermano”.
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