lunes, 7 de noviembre de 2022

TORIBIO: MI HERMANO MENOR

 

 TORIBIO: MI HERMANO MENOR

 

Mi tío Toribio desde niño, corrió la misma suerte que su hermana Gabriela. Mi mamá recordaba que cada bando – los federales o la insurgencia-  al entrar a Guadalajara,  cada uno traía sus propios bilinviques que era el papel moneda que se ponía en circulación. Mi abuela decía que a un bilinvique de un centavo le marcaba con un lápiz un cero y de este modo, iba a comprar diez centavos de arroz a un anciano que ya no podía ver bien, ese arroz  una vez cocido debía de alcanzar para todo el día.

Gabriela y su hermano se criaron rodando por aquí y por allá, ella hacía tortillas en casa de familiares. Cuando la tortilla inflaba, la metía al agua del machihuis para que se enfriara y poder comerla cuando creía que nadie la veía. Fue así, como ella aumentó de peso considerablemente.

Mi tío Toribio ingresó al servicio militar, al parecer fue en Hermosillo donde contrajo matrimonio con una joven sonorense. Tiempo después, se trasladó con su familia a la Perla Tapatía. Un día, por algún motivo tuvo diferencias con su mujer y llevó a sus hijos a la casa grande para que su hermana Gabriela se ocupara de ellos. Mi mamá  que bastante quehacer tenía ya con sus compromisos, sintió que tenía que agregar más piedras al costal que ya cargaba. .. Al poco tiempo, la joven sonorense se presentó a reclamar a sus hijos, la petición fue aceptada. Al enterarse su hermano Toribio, Gabriela le dejó bien claro que … “los hijos debían estar con su madre”.

Contaba mi tía Carmen que su segunda esposa la conoció ya embarazada. Se trataba de una joven chaparrita y muy blanca. La pareja, no dudó en casarse, y  Petra, una de los hijos de la pareja,  afirmó que su padre, nunca hizo diferencia alguna con su hermano mayor. Su papá  lo crio y lo cuidó convirtiéndose así, en padre putativo.

Conocí a Petra siendo viuda con dos pequeños niños que la acompañaban cuando visitaba la casa grande. En ocasiones, se daba un regaderazo y enjabonaba su pelo con “Fab” –jabón en polvo- a lo que mi abuela le decía con preocupación “te vas a quedar calva”. Sus niños llamaban mi atención, el más grande era blanco y pecoso, en tanto la niña era muy morenita se chupaba uno de sus dedos en la boca. Eran muy tranquilos los dos.

Nunca tuve en claro, el por qué se disolvió esa familia. Solo puedo decirles, que Toribio se casó por tercera vez, no contó con la aprobación de su hermana Gabriela quien en repetidas ocasiones le decía… “¿Qué… ¿acaso te casaste borracho?”... “¿no te dabas cuenta que te estaban casando?”

A Toribio le gustaba mezclar el olor y los sabores de la cocina mexicana. Se hacía presente en  casa periódicamente ayudándole en lo que podía en la cocina. Gustaba de preparar los “Changuitos”, una bebida donde se mezclaban el ron y refresco de cola. Uno para él y otro para ella, que aceptaba con gusto.  Él ayudaba económicamente a un familiar de su mujer, llamado “el Tofico”, lo hacía presente continuamente, a lo que mi mamá Gabriela le decía “al que Dios no le da hijos, le da cosijos”.

Toribio se reunía ocasionalmente con sus hijos sin hacerse acompañar de nadie más. Eran ocasiones en que podía aprovechar para convivir y degustar de un sabroso tequila, la bebida más tradicional en Jalisco. A sus sesenta años, recorría las calles de Guadalajara en su bicicleta recogiendo y cambiando pagares en el banco. En casa, fabricaba, unos artículos deportivos para aquellos quienes gustaban de la casar aves y los vendía en una tienda de la ciudad. Gustaba de comercializar diversos artículos como blusas y radios, entre otros.

A su muerte, no salió una esquela, sino una noticia en un periódico que daba a conocer el hecho de que la señora  de Martínez afirmaba que lo habían envenenado en una celebración familiar.

Mi mamá Gabriela, molesta por esa afirmación, reprobaba el hecho que se vieran obligados a hacerle la autopsia a su hermano, pudiendo haberse evitado. Durante el funeral, se mostró tranquila, sin derramar lágrimas.

Una vez en casa, estando ella en la cocina, se oyó un sonoro llanto lastimero por todo la casa. Al oírlo, mi tía Carmen fue a consolara, le dijo: “llora hermana, desahógate”….. al tiempo que Gabriela le decía…. “Era mi hermano”.

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