viernes, 27 de enero de 2023

¡VAMONOS A CAMPECHE!

 

¡Vámonos a Campeche!

 

Nunca como hoy, ha estado tan presente el sureste de México, la región más bella de nuestro país, muy visitado por europeos y nacionales, se antoja hacer un recorrido.

En el verano de 2002, emprendimos un largo viaje haciendo cinco escalas para llegar a Campeche, “Ciudad del Sol”. Al pasar por Villahermosa, visitamos el bello parque de “La Venta” que exhibía las cabezas de la cultura Olmeca, agradablemente sombreado por altos árboles, en las copas había lémures pedigüeños, que, al vernos bajaron interesados en saber si portáVamos comida. El parque seguía la orilla de una laguna con andenes ornamentados. Esta fue la última etapa de nuestro viaje, para llegar a nuestro destino final.  

  En ese tiempo, mi hermana que residía ahí,  se dio a la tarea de buscar opciones de alojamiento para nosotros por un mes, finalmente decidimos ocupar una casa en un  céntrico lugar y cercas de la suya.

En Campeche, se había reconstruido la muralla que rodea al centro histórico. Al caer el sol, las piedras de la muralla brillaban por su blancura, también se pintaron las casas de la Ciudad Amurallada con recursos de la ONU.  Las fachadas pintadas con bellos tonos pastel eran la admiración de los paseantes,  la iluminación era a base de  antiguos faroles, hoy eléctricos, que pendían de las paredes, lucía tal y como era en la época colonial.

 Por la noche, se presentaba un espectáculo de luz y sonido contando antiguas historias de piratas. Los baluartes que eran construcciones para diversos fines militares de los españoles, se habían convertido en museos dedicado cada uno de ellos a un tema especial. En ese entonces, había un camión turístico para visitantes.

Una fragata pirata estaba atracada en el muelle, con sus blancas velas presionadas por el viento,  con unas enormes sogas que pendían de lo alto y descansaban en el piso del barco, era un restaurant atípico donde compartí una agradable tarde a la orilla del mar.

Visitamos el fuerte de San Miguel, hoy museo,  una construcción  que tuvo su inicio en 1771 y concluyó en 1801. Se ubica en una elevación natural al norte de la ciudad, tiene magníficas vistas de tierra y  mar, en la azotea se apreciaban  muchos antiguos cañones en las almenas del edificio  apuntando al mar.  El fuerte San José  data de 1792,   fue muy difícil de ubicar, por lo que,  mi hermana nos guió por un angosto camino  de difícil acceso  y pudimos por fin llegar. No había un señalamiento, por lo que la siguiente vez que , nos  volvimos a extraviar.

Campeche tiene el muelle más atractivo que he conocido hasta hoy. Tiene un área para patinar, una para jardín, y una más para caminar. En las plazoletas hay monumentos que recuerdan tres culturas y personajes históricos de la región. Con tanta tradición, es difícil pensar que el turismo prefiere visitar Cancún.

En el estado, existe un gran patrimonio cultural, en esa ocasión,  visitamos varios centros de los antiguos Mayas, destacando por su belleza y simplicidad el centro ceremonial de Calakmul considerado “reserva de la biosfera”,  ubicado en la frontera con Belice.  Para llegar, había que recorrer  una angosta carretera de un solo carril que servía de ida y vuelta.  En Calakmul había tantos árboles que el sol no llegaba al suelo. Había   una enorme pirámide muy larga y alta. El calor era intenso, la vegetación de la selva le imprimía mucha humedad al ambiente. Al regreso,  unos  pavos azules con plumas satinadas descansaban en la copa de unos árboles que  estaban plagados de pequeños pericos  que se sentían perturbados con el ruido del motor del auto que avanzaba a regular velocidad e huían en parvada con  una gran algarabía.

Visitamos la ciudad de Cancún, el  área hotelera y de bellas casas veraniegas se encuentra  rodeando  la laguna de Nichupté que significa “manglares donde florece la vida”, en la tarde, refleja la luz del sol y pareciera que la luminosidad emergiera del agua, un verde esmeralda, brillante, que a medida que el sol avanzaba se iba tornando poco a poco en un verde oscuro.  Ahí, salían por la noche los cocodrilos a comer desde el manglar. Unos lanchones hacen un recorrido a los turistas y ocasionalmente señalaban las casas de algunos famosos.

En nuestro regreso a Campeche, visitamos Calkin, en un modesto negocio vendían y elaboraban sombreros de “palma piji” que son una tradición de los mayas, delgados, suaves y frescos,  los tejedores dentro de un hoyo tejen las fibras y dan forma a sus artículos en óptimas condiciones.

¡Hoy, el sureste ofrece más atractivos que nunca¡ como el parque El Jaguar, en Tulum, Quintana Roo. El tren Maya de 1,500 kilómetros de recorrido que parte de Villahermosa Tabasco, entre otros.

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