¡Vámonos a Campeche!
Nunca como hoy, ha estado tan presente
el sureste de México, la región más bella de nuestro país, muy visitado por
europeos y nacionales, se antoja hacer un recorrido.
En el verano de 2002, emprendimos un
largo viaje haciendo cinco escalas para llegar a Campeche, “Ciudad del Sol”. Al
pasar por Villahermosa, visitamos el bello parque de “La Venta” que exhibía las
cabezas de la cultura Olmeca, agradablemente sombreado por altos árboles, en
las copas había lémures pedigüeños, que, al vernos bajaron interesados en saber
si portáVamos comida. El parque seguía la orilla de una laguna con andenes
ornamentados. Esta fue la última etapa de nuestro viaje, para llegar a nuestro
destino final.
En ese tiempo, mi hermana que residía ahí, se dio a la tarea de buscar opciones de
alojamiento para nosotros por un mes, finalmente decidimos ocupar una casa en
un céntrico lugar y cercas de la suya.
En Campeche, se había reconstruido la
muralla que rodea al centro histórico. Al caer el sol, las piedras de la
muralla brillaban por su blancura, también se pintaron las casas de la Ciudad
Amurallada con recursos de la ONU. Las
fachadas pintadas con bellos tonos pastel eran la admiración de los paseantes, la iluminación era a base de antiguos faroles, hoy eléctricos, que pendían
de las paredes, lucía tal y como era en la época colonial.
Por
la noche, se presentaba un espectáculo de luz y sonido contando antiguas
historias de piratas. Los baluartes que eran construcciones para diversos fines
militares de los españoles, se habían convertido en museos dedicado cada uno de
ellos a un tema especial. En ese entonces, había un camión turístico para
visitantes.
Una fragata pirata estaba atracada en el
muelle, con sus blancas velas presionadas por el viento, con unas enormes sogas que pendían de lo alto
y descansaban en el piso del barco, era un restaurant atípico donde compartí
una agradable tarde a la orilla del mar.
Visitamos el fuerte de San Miguel, hoy
museo, una construcción que tuvo su inicio en 1771 y concluyó en 1801.
Se ubica en una elevación natural al norte de la ciudad, tiene magníficas
vistas de tierra y mar, en la azotea se
apreciaban muchos antiguos cañones en
las almenas del edificio apuntando al
mar. El fuerte San José data de 1792, fue muy
difícil de ubicar, por lo que, mi
hermana nos guió por un angosto camino
de difícil acceso y pudimos por
fin llegar. No había un señalamiento, por lo que la siguiente vez que ,
nos volvimos a extraviar.
Campeche tiene el muelle más atractivo
que he conocido hasta hoy. Tiene un área para patinar, una para jardín, y una
más para caminar. En las plazoletas hay monumentos que recuerdan tres culturas
y personajes históricos de la región. Con tanta tradición, es difícil pensar
que el turismo prefiere visitar Cancún.
En el estado, existe un gran patrimonio
cultural, en esa ocasión, visitamos
varios centros de los antiguos Mayas, destacando por su belleza y simplicidad
el centro ceremonial de Calakmul considerado “reserva de la biosfera”, ubicado en la frontera con Belice. Para llegar, había que recorrer una angosta carretera de un solo carril que
servía de ida y vuelta. En Calakmul
había tantos árboles que el sol no llegaba al suelo. Había una enorme pirámide muy larga y alta. El
calor era intenso, la vegetación de la selva le imprimía mucha humedad al
ambiente. Al regreso, unos pavos azules con plumas satinadas descansaban
en la copa de unos árboles que estaban
plagados de pequeños pericos que se
sentían perturbados con el ruido del motor del auto que avanzaba a regular
velocidad e huían en parvada con una
gran algarabía.
Visitamos la ciudad de Cancún, el área hotelera y de bellas casas veraniegas se
encuentra rodeando la laguna de Nichupté que significa “manglares
donde florece la vida”, en la tarde, refleja la luz del sol y pareciera que la
luminosidad emergiera del agua, un verde esmeralda, brillante, que a medida que
el sol avanzaba se iba tornando poco a poco en un verde oscuro. Ahí, salían por la noche los cocodrilos a
comer desde el manglar. Unos lanchones hacen un recorrido a los turistas y
ocasionalmente señalaban las casas de algunos famosos.
En nuestro regreso a Campeche, visitamos
Calkin, en un modesto negocio vendían y elaboraban sombreros de “palma piji”
que son una tradición de los mayas, delgados, suaves y frescos, los tejedores dentro de un hoyo tejen las
fibras y dan forma a sus artículos en óptimas condiciones.
¡Hoy, el sureste ofrece más atractivos
que nunca¡ como el parque El Jaguar, en Tulum, Quintana Roo. El tren Maya de
1,500 kilómetros de recorrido que parte de Villahermosa Tabasco, entre otros.
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