ESTACIÓN
MORENO Y SUS ACTIVIDADES
La primera vez que visité Moreno, fuimos
al campo al encuentro de Don Miguel, quien estaba montado en su caballo, me
miró con sus ojos color miel, con una sonrisa jovial, me percaté que era alto y
su piel blanca, portaba un sombrero, su ropa lucía limpia y planchada. Entre
sus actividades, estaba el de elaborar muebles rústicos para su hogar con
madera que le regalaba una compañía. En el amplio porche al frente de su casa
recibía visitas que pasaban a recoger la correspondencia con quienes entablaba
amistad. Los empleados de los rancheros hacían uso de las instalaciones de la
Unión Ganadera para bañar el ganado con asuntol para combatir las garrapatas,
tramitaban guías para transportar el
ganado en troques o en el ferrocarril, llegaban
choferes con enormes carros cargados de grafito, de seis a siete toneladas. Existía
una espuela, Don Miguel atendía la recepción de carro-tanques cargados de
Diesel o gasolina que eran transportados por el ferrocarril. Trataba con los
ingenieros y trabajadores de la mina de San José de Moradillas, algunos eran
superintendentes, todos ellos, estadounidenses. Uno de ellos tenía dos
especialidades, era ingeniero minero e ingeniero mecánico, se cuenta, que era
muy organizado en su trabajo, tenía un pick up Ford de los años treinta de
color verde olivo, en buen estado, ahí cargaba muchas cajitas con tornillos y
un tanque de gasolina de lámina muy fuerte.
Cuentan de un ingeniero que en algunas
ocasiones daba una orden y un experimentado
minero lo frenaba diciéndole “eso no se
puede hacer”,… de repente, explotaba de coraje, después de pasarle
el berrinche, reflexionaba y sabía
reconocer cuando alguien tenía la razón.
En 1960 el gobierno mexicano decretó la nacionalización de la minería, y a
partir de ahí la administración de la mina de San José de Moradillas fue
administrada por mexicanos. A partir de aquí, todo cambió en la vida de la
mina, con el tiempo, los trabajadores rememoraban lo bien ordenados que eran
los administradores extranjeros y no toleraban el que hubiera diferencias entre
los mineros de la compañía…. Hubo un
ingeniero casado con una sudamericana, era una persona afable, sabía escuchar
con paciencia. Después que la mina
pasó otras manos, el ingeniero se
trasladó a trabajar a una mina de grafito ubicada en lo alto de un cerro, en
San Javier llevando consigo a muchos trabajadores.
A la casa de Moreno llegaban personas de
todo tipo, a comprar y vender animales, algunos rancheros específicamente
pedían chivitos de 28 días de nacidos para sus festejos. En una ocasión llegó
un italiano errante acompañado de un burrito. Doña Conchita tenía una parra que
no daba frutos, entonces el italiano tomó un tallo de una de sus guías y lo
enterró, a partir de ahí, la parra se cargó de racimos de uvas. Arribaban personas interesadas en comprar
comida, y para resolver este problema, sin menguar los alimentos familiares,
Don Miguel hizo un pequeño cuartito con un
techito de lámina negra, para ofrecer refrescos y sardinas enlatadas. Una
tarde, al caer el sol, llegó un pequeño grupo de mineros completamente llenos
de grafito de pies a cabeza, sólo se podía ver los ojos y los dientes. Por
primera vez, observé a los hombres de carbón.
Dos limoneros crecían al amparo de los
cuidados la familia. En el patio de la casa había un nopal “manso” –sin
espinas- que producía tunas grandes y
jugosas cada temporada.
En una ocasión, un grupo de religiosos
visitaron el municipio de La Colorada
por el rumbo del cerro “El Chivato” regalando chivas lecheras a los
habitantes de la región. Don Miguel intercambió a unos vaqueros dos potrancas
por dos chivas lecheras –de las obsequiadas
por los religiosos- eran de la raza sanen,
de una de ellas, se lograba una ordeña
de cinco litros de leche al día.
La vida en Moreno no era fácil, las
inclemencias del clima se compensaban cuando soplaba viento fresco de sur a
norte procedente de San José de Guaymas. Esta familia dio vida a esta región
durante cuarenta años con su trabajo y esfuerzo.
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