PETRA Y SU DESCENDENCIA
Petra nació en 1860. Siendo una niña vivió la
segunda intervención francesa seis años más adelante. Algunos desertores franceses quedaron
desbalagados en el territorio nacional. Una década más tarde, cuentan que Petra
conoció a un francés en el municipio de Tala, Jalisco. Sus familiares afirman que el francés
enamorado de la joven se la “robó” y
después la dejó en una ranchería de la barranca de Oblatos, donde nació un bebé
que llevó el mismo nombre que su madre.
Al convertirse en mujer contrajo
matrimonio con un joven, de esa unión nacieron tres hijos. Nuestra bisabuela estando en proceso de parto se sintió mal, le
dijo a su marido… “Marcos, creo que me voy a morir”. Ante el apremio del sufrimiento de su mujer,
aquél hombre se amarró un equipal en la espalda, y ahí sentó a Petra y la cargó al hospital más cercano, donde
nacieron unos cuates en un parte muy complicado, fueron un varoncito y una
niña. Ella falleció después de dar a
luz.
En ese hospital se encontraba una señora
que había perdido a su recién nacido, y para aprovechar su leche materna le
llevaron a uno de los cuates para ser amamantado. Con desgano, la mujer dejó caer
el pecho de su seno en la carita del bebé sofocándole por unos minutos.
Los cuates, una vez en casa, eran
alimentados con atole de masa, pues sus precarios recursos no les permitía
comprar leche para los bebes. Sus
hermanas se hicieron cargo de unos
pequeños que necesitaban cuidados maternos. Fue una gran responsabilidad para
ellas, dado su edad.
Las lluvias abundaban en la ciudad de
Guadalajara, donde el clima era de fresco a muy frío, casi todo el año. Cuando
los tapatíos caminaban por la sombra se sentía frío y cuando se cambiaban al
sol, se sentía el impío calor.
Carmen platicaba a sus nietos, que en
una ocasión, al término de una granizada salieron a jugar las hermanas con el
granizo que la lluvia había acumulado en el suelo. La cantidad de granizo fue
tal, que las viejas vigas podridas por los años y la humedad constante hizo
colapsar el techo por el peso del granizo que soportaba el tejado. Dentro de la
casa, dormía plácidamente la niña muriendo por frío, en este desafortunado
accidente, sobrevivió Toribio.
Unos años más tarde, la precariedad en
la que vivía Carmen se transformaría gracias a su buena suerte. Un día la niña
acompañó a una vecina que trabajaba en el servicio de la familia Orendain, a
probar suerte y proponerles se integrara al servicio de la casa, la petición no
fue aceptada, pero argumentaron a favor que la mamá de la niña había fallecido
y vivía con apremio.
Carmen se trasladó a vivir a la casa de
esa familia bien acomodada dejando atrás la miseria y la precariedad en la que
vivía. Se acomodó en la casa, con el tiempo, aprendió a sacarle partido a su
largo cabello con sencillos y vistosos peinados que hacían lucir su
juventud.
Gustaba de recrear el tiempo que pasó
con los Orendain contando su historia basada en sus recuerdos, el lujo, las
comodidades y los gustos culturales de esa familia, contaba que con el tiempo
se había convertido en dama de compañía. La vida fastuosa encandiló a mi tía
desde el primer momento y arraigó los intereses y los gustos sofisticados de su
tiempo. Esa familia gustaba asistir a la
ópera en el bellísimo teatro Santos Degollado,
-el nombre corresponde a un liberal- donde presentó un recital Ángela Peralta, “el ruiseñor mexicano”. Cuenta que la familia Orendain fue la primera en
tener un auto en la Perla Tapatía, auto en el que tuvo la oportunidad de viajar
en grata compañía, también gustaba de saborear la cocina francesa, oportunidad
que Carmen supo aprovechar.
En realidad, Carmen se integró al
servicio de la casa, salía al mercado con una canasta para cargar las frutas y
verduras que compraba, a la vez que detenía en su pelo un lápiz con el que
anotaba en una libreta las compras realizadas. Cuando le era posible, por las
tardes llevaba a sus hermanos alimentos que no se habían consumido ese día.
Ángel, un seminarista, con quien se casaría más tarde, acompañó varias veces al señor Obispo de
Guadalajara y en esa casa, conoció a Carmen.
EL Obispo, tenía cercanía con esa familia y recibía invitaciones a
cenar, tiempo después Carmen y Ángel contrajeron nupcias.
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