UNA HISTORIA VIRTUAL
Corría la primera década del siglo XXI
cuando mi esposo me regaló un “cacahuatito”, un sencillo celular para localizarme en el área de la Universidad de Sonora en donde ambos trabajamos. Nunca le di importancia,
ni me percaté de su utilidad. Lo traía
permanentemente apagado, pues nunca
despertó interés en mí. No entendía su
mecanismo ni me esforcé por aprender. Él me decía de vez en vez, “compra
un buen celular,” como siempre, atareados en la preparación de clases y de
otras actividades propias de una Universidad pasó el tiempo, hasta que en
vísperas de navidad me presenté en casa, por fin, con un “buen” celular.
El nuevo móvil no pasó desapercibido y
causó diferentes reacciones en la familia, hubo quién consideró que era
demasiado caro, mi hija afirmó que había comprado un teléfono sin tener
conocimiento de sus peculiaridades, y pareciera que además tenía como defecto
el tener varias aplicaciones. Transcurrió una semana, cuando llegó una visita y
mi hija, ansiosa, se puso a buscar el nuevo celular con el fin de presumirlo y mostrar
sus bondades.
Sin comprender y
pidiendo la ayuda de todos los que estaban a mi alcance, el celular pasó de
unas manos a otras, así como de visitas que llegaban y se prestaban solícitos a ayudar.
Llegó el momento en que por fin lo pude
usar, y eventualmente acudir por ayuda
para fines prácticos. Al tiempo, noté
que había algo raro en los chats, recuerdo haber anotado °gracias, doctora° y
después aparecer emoticones de jeringas,
esta situación continuó hasta que llegó el momento en que en una cuenta de un
alumno de Administración Pública, empezó a aparecer “la grilla” de la
Universidad que duró mucho tiempo.
Una amiga originaria de Zacatecas con la
cual solía hacer equipo para cursar una carrera en la Universidad de
Guadalajara, actualmente vive en California con su familia, en una pequeña
ciudad a orillas del mar. Me contaba que
sus habitantes se oponían al crecimiento urbano, había adquirido una casa
veraniega por presentar problemas de salud por la nieve y el frio que son muy
prolongados en el Estado de Colorado -su
anterior lugar de residencia- y decidió mudarse a climas cálidos..
Al tiempo, aparecieron las voces de dos
mujeres que interferían la comunicación afirmando supuestas “historias de vida” que eran incoherentes y con errores
evidentes, decidí cerrar la cuenta que ella me solicitó abriera por ser “muy privada
y segura”. No obstante, continuaron ahora con el chat de una amiga que habita
en Guadalajara intercalando diálogos rápidos e insultantes, al tiempo en que
ella se comunicaba conmigo. Lo hacían en la misma forma como oí varias veces en
los pasillos y bibliotecas de la Universidad a los estudiantes de la carrera de Comunicación.
El fin de la privacidad fue denunciada
por Snowden quien confió sus secretos a
Glenn Greenwald, periodista independiente del diario El Guardian de
Inglaterra y a Laura a través de un chat
encriptado. Su gobierno estaba creando un sistema cuya finalidad era eliminar
la privacidad a escala mundial, de tal manera que toda comunicación electrónica
pudiera ser recogida, almacenada y
analizada por la NSA. El pragmatismo de las agencias anglosajonas permitió a
Snowden formar parte de un grupo de jóvenes con talento innato en informática,
pasando por alto las formalidades educativas, se integró a un grupo de
Tecnologías de Información.
Asumió como un problema moral el derecho
de los ciudadanos de conducir su conducta y resolver sus problemas sin ser
vigilados. Interiorizó el valor del anonimato como parte de la privacidad de
las personas y de la comunidad. Estimó como deseable para todo individuo vivir
con privacidad, con libertad y que prevaleciera el derecho del
internet como medio de comunicación.
Reflecionó en el hecho de que una ciudadanía consciente de estar
vigilada enseguida se vuelve dócil y miedosa, cuando existe una vigilancia
masiva, al inicio, los más afectados son los disidentes y los marginados y por
aquellos que apoyan a su gobierno y se creen inmunes.
Snowden describió que su gobierno era
capaz de activar celulares a distancia y convertirlos en dispositivos de
escucha mediante una activación remota, situación considerada legal en su país.
La cantidad de información que se podía reunir era enorme, incluyendo drones en
tiempo real que vigilaban a gentes que quizás quisieran matar y a pueblos
enteros. Llegó al punto de hacer una denuncia, no quedarse callado y enfrentar
las amenazas y castigos de las que sería objeto. Según su sentir, no deseaba
ocupar el papel protagónico en las noticias, sino, que el público centrara su
atención en los peligros de la vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en Inglés)
Esto último está basado en la obra de
Glenn Greenwald titulado: Eduard Snowden, la NSA y el Estado de Vigilancia de
EE.UU. Snowden sin un Lugar Dónde Esconderse. Barcelona, España. Ed. Grupo Zeta, 2014.
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